Mongolia entre nómadas (días 200-206)

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Emprendimos la carretera dirección Rusia para conocer las tierras nómadas de Mongolia. Íbamos acompañados de vastos parajes rodeados de grandes llanuras y montañas al fondo, y únicamente los animales nos deleitaban con su presencia. Y es que, hay bastantes más animales que habitantes en Mongolia. No obstante, fue querer hacer una foto en medio de la carretera y que aparecieran todos los conductores habidos y por haber. Ley de Murphy.

Mongolia
La Mongolia extensa camino a Davst, hasta camellos salvajes vimos

 

A lo largo del trayecto paramos varias veces para sentir la naturaleza no explotada, algo de lo que puede presumir mucho este país. Una de ellas fue en el “ovo”, un santuario sagrado para los mongoles. Están situados en los lugares donde, según creen, la tierra está más conectada con la naturaleza. La tradición manda que hay que darle tres vueltas tirando piedritas y pedir un deseo, y así hicimos. Después tuvimos nuestro primer encuentro con el “shimiin arhi”, leche de cabra o caballo fermentada que se considera el vodka mongol. Al venir de un animal y no contener químicos, creen que es capaz de despertar al 100% tus sentidos. Amenizados con un hoomi de Amai, nos teletransportamos a la navidad de Nicaragua donde lo oímos por primera vez. El hoomi es lo que conocemos como “canto de garganta”, pero para ellos es un idioma, una forma de expresión. Lo utilizan como obsequio para agradecer algo a anfitriones o amigos, así como para limpiar el mal “kharma” del lugar. Por si fuera poco, en este lugar Ebei me regaló un preciado objeto: una casaca de arquero de su tribu cosida a mano por su abuela, todo un honor sin duda.

Shimiin arhi
Tomar el shimiin arhi en el ovo fue todo un ritual

 

Finalmente, llegamos a Davst, situado a escasos kilómetros de Rusia. Este sum (nombre que se les da a los pueblos creados especialmente para abastecer las necesidades de los nómadas) sería nuestro hogar por unos días. A diferencia de lo que esperábamos, dispone de wifi comunitario, banco (no cajero) y supermercado. El gobierno mongol ha invertido bastante dinero para conectar a su gente. Sin embargo, al parecer no tienen necesidad de ducha ni baño, porque no hay ni rastro de ellos. Con un territorio similar al de Cataluña, únicamente habitan 1500 personas, la mitad son nómadas y el resto está en el pueblo.

Davst sum
Así es Davst Sum: sus casas, sus calles, el ayuntamiento y sus alrededores
Ger
Nuestro ger, desde donde se pueden ver las estrellas

 

Dejamos nuestras cosas y fuimos al lago Uvs. Con una concentración de sal mucho mayor a la de los océanos, dicen que este lago es más antiguo que el Everest y que posee propiedades curativas. A orillas del mismo, decidimos hacer fuego para preparar la comida, que al final se convertiría en cena. Tras mucho sudar y conseguir excremento de vaca realmente seco y menos salado que la madera, conseguimos que prendiera el fuego. Tras el bufet de pasta, nos quedamos a esperar las perseidas. Sin embargo el cielo nublado, nos privó de lo que hubiera sido la guinda a un día perfecto. Con los más de 200 días sin nubes que disfruta el país, ¡ya podría habernos deleitado con uno para embobarnos con una buena lluvia de estrellas!

Lago Uvs
Pasamos una buena tarde en el Lago Uvs, yo con mi nueva casaca e intentando hacer fuego para preparar la comida

 

El día siguiente nos acercamos al ger de una familia nómada, la construcción típica mongola. En honor a nuestra visita, íban a preparar el khorhog, un típico plato de nómadas a base de cordero. Trajeron el cordero vivo en una moto y lo mataron allí in situ. Vimos todo el proceso de cómo lo despellejaba y lo abrían en canal para sacar todos sus adentros. Amaia, como mujer, ¡hasta tuvo que ayudar en la tarea de limpiar intestinos! Su abuela ya le comentó que para eso, no había que irse tan lejos, ¡jajaja!

Primero se cocinaron los órganos y la sangre, a forma de aperitivo; y ya para cenar se preparó la carne de cordero con piedras, la particularidad de este plato. Aunque el sabor de la carne es exquisito, separan el caldo y se queda un poco seco. Únicamente puedes beber un poco del caldo porque pasarte podría suponer la muerte según sus creencias. La verdad que si los mongoles supieran cómo cocinar sus carnes salvajes con salsas y otros ingredientes… ¡Estaríamos hablando de un deleite gastronómico!

Cordero
Creo que Amaia nunca había tenido una clase de anatomia tan explícita como la que tuvo con este cordero
Khorhog
La preparación del khorhog; primero cocer todos los organos, y después cocinar la carne con piedras sacadas de las brasas

 

Pasamos el día montando a caballo, haciendo batallas, jugando a cartas, compartiendo pulseras y Amaia ordeñando vacas (como parte de sus tareas como mujer, claro). La verdad es que nos lo estábamos pasando genial con nómadas y locales. Pero de repente, llegó el blackout…

Habíamos estado bebiendo shimiin arhi y chupitos de vodka todo el día, ya que según nuestro anfitrión Amai, hubiera sido una ofensa rechazar los tragos. Y nos pasó factura. Lo último que recordamos es estar en el ger riendo y Amaia agradeciéndoles su hospitalidad con un aurresku, borrachos pero conscientes, y lo siguiente ya es al día siguiente. Tenemos unas cuantas horas de intervalo donde no nos acordamos de absolutamente nada. Este episodio nos dejó un poco de mal rollo en el cuerpo.

Posteriormente, nos explicaron que nos dio un “wind punch” o un golpe de viento. La explicación esotérica que nos dieron fue que al salir de un sitio cerrado al aire libre, nuestros sentidos estaban tan despiertos gracias al shimiin arhi, que nos conectamos de lleno con la naturaleza; algo que nuestro cerebro no puede procesar, al parecer. Traducido al idioma de la calle, viene a ser que al salir al aire libre, el oxigeno del aire te da un subidón de la leche, dejándote prácticamente inconsciente. Por ejemplo, yo acabé literalmente retozado en mierda de vaca. No suelo creer en este tipo de cosas, pero parece ser la mejor explicación a lo que nos ocurrió.

 

En fin, los siguientes días los pasamos tranquilos compartiendo juegos con niños y haciendo vida local en el pueblo. El sabor a cabra de la bebida y el olor a cordero que nos había dejado el resacón nos hacía difícil tolerar más cordero y queso. Sin embargo, es casi lo único que comen en tierras nómadas, así que tuvimos que hacer de tripas corazón. Comimos varios platos diferente de cordero, y hasta “dumplings” de cordero bañados en leche para desayunar. Por suerte, un día pudimos saltarnos su dieta preparando unas tortillas de patatas a la familia del alcalde, que nos había estado alimentando y cuidando durante el resacón. Los niños y mujer acabaron relamiendo el plato y agradeciendo un día sin carne, pero los “súper hombres mongoles” no se sentían realizados sin su dosis de carne… ¡ay, esas creencias!

Ger
Fue curioso ver el ger de una familia no nómada, la familia del alcalde; compartir con ellos una tortilla de patata y jugar a las “tabas”

 

El último día nos acercamos a ver como construían el ger para el hijo de uno de los habitantes. En unas semanas se iba a casar y parte del pueblo se reunió para construirles la casa; las mujeres cosían la lana que cubría la estructura que los hombres montaban. Durante el evento, el padre del novio invitaba a todos los colaboradores a tabaco de esnifar y a shimiin arhi. Esta vez, brindamos sin tomar. Les caímos tan bien que acabaron invitándonos a la despedida del muchacho y a la boda. Aunque no íbamos a estar, aceptamos la invitación hecha en WordArt. ¡Vaya recuerdos de los trabajos del cole!

Construcción
En la construcción del ger, casa uno tiene su tarea, y el anfitrión invita a todos a comida y bebida

 

Nuestra aventura nómada llegaba a su fin, la capital nos esperaba. Para ello, junto a Amai, el alcalde, su mujer y uno de sus hijos, emprendimos el largo viaje a través de sus infinitas carreteras plagadas de vaches. 40 horas, dos pinchazos e infinidad de golpes que creíamos que iban a romper el coche fue lo que nos costó llegar a Ulán Bator. Por suerte, el camino nos dejó momentos de mucha belleza.

Amanecer
Ya en ruta pudimos disfrutar de este intenso amanecer
Cañón
El paisaje más bonito lo tuvimos en el cañón del río Chuluut

 

Con muchas ganas de darnos una ducha y cambiar de dieta, nos despedimos de Amai y de la encantadora familia del alcalde. Y es que, si bien ahora redactando estas líneas únicamente recuerdo la amabilidad y hospitalidad de la gente de Davst, nuestra estancia allí nos resultó un poco dura. El cumplir las estrictas normas de comportamiento nómadas, entre otros, no nos dejó disfrutar al 100% de la experiencia. Sin embargo, el tiempo pasa y sólo se recuerda lo mejor. Y le estaremos eternamente agradecidos a Amai por acercarnos al pueblo mongol y a los nómadas y hacernos vivir una de esas experiencias por las que algunos viajamos.

Información práctica

Recomendaciones y sugerencias
  • En tierras nómadas aprendimos algunas costumbres que os pueden resultar útiles si pasáis por estos lares en busca de hospitalidad:
    • Un nómada te acogerá como invitado 3 días, ofreciéndote todo lo que tiene, pero al cuarto día ya debes marcharte. Nos dijeron que con nosotros hacían excepción porque veníamos invitados por Amai. Pero precisamente por el hecho de “abusar” de su hospitalidad teníamos que cumplir con ellos de una manera muy estricta.
    • Siempre se debe llevar un obsequio a quien te invite y nunca debe ser dinero. El regalo más preciado entre adultos nómadas es un libro (en mongol, claro). Para los niños, unos caramelos siempre está bien visto, aunque se haga flaco favor a sus dientes.
    • Hay que coger las cosas que te ofrezcan con la mano derecha colocando la mano izquierda debajo del codo derecho. También es válido con ambas manos.
    • Hay que entrar en los ger con el pie derecho primero.
    • Para conocer las normas de como sentarse, como es algo extenso, mejor nos invitáis a una cerveza y lo comentamos 😜

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